Por supuesto que no. La mayoría de los correos electrónicos sobran, y son pocos los que vale la pena conservar. La mayoría sirve a propósitos prácticos y tiene poca relevancia más allá de eso.
Especialmente ahora, que la interfaz de muchos gestores de correo es tan atroz, resulta simplemente un enfado pensar el un correo electrónico sin el contexto de la bandeja de entrada y las decenas de correos sin leer, de publicidad o que notifican nimiedades. Sin embargo, hay algo que prefiero del correo electrónico en comparación con cualquier otro medio de comunicacion digital: no son inmediatos, ni permiten conversaciones “al momento”. Uno manda un correo y quién sabe si el destinatario lo vio o cuándo. No hay urgencia ni retroalimentación instantánea. Uno puede olvidarse del correo luego de enviarlo. Además, hay cierta irreversibilidad que propicia la atención al mensaje. Como no puedes editar lo que escribiste, uno procura escribir las cosas una vez y ya.
Ojalá fuera más común enviar correos para todo eso que ahora se amontona en los interminables chats de las aplicaciones de mensajería instantánea.